Los puertos mallorquines piden cadencia cómoda: combina plato reducido con cassette amplio para ahorrar piernas día tras día. En bajadas largas, la modulación importa más que la potencia bruta; purga tus frenos antes del viaje y lleva pastillas de repuesto. Evita discos contaminados con un sobrecito de alcohol isopropílico. Ajusta la altura del manillar para horas sostenidas. Por seguridad en ferris, bloquea el freno delantero al amarrar la rueda, usando una pequeña brida o velcro reutilizable.
La mezcla de asfalto liso y grava compacta favorece secciones de 40–45 mm tubeless, con sellante fresco. En tramos arenosos de Formentera, baja presiones sin miedo, pero recuerda reponerlas antes de largos enlaces por carretera. Lleva dos mechas, un trozo de cámara por si hay corte, y una bomba eficaz. Revisa talonados la noche anterior en puerto, evitando sorpresas al amanecer. Comparte presiones por peso y modelo para que la comunidad refine referencias y evite pellizcos en llantas.
Prioriza bolsas de cuadro y sillín estancas, con cierre fiable y refuerzos contra roces. Distribuye el peso bajo y centrado para embarcar cómodamente. En cubierta, usa cinchas y coloca una cinta reflectante por si el personal necesita identificar la bicicleta rápidamente. En ruta, bidones grandes o bolsa de hidratación ayudan en días calurosos; añade sales en etapas costeras. Para dormir, un saco compacto y sábana ligera bastan en refugios y hostales. Comparte tu sistema y fotografías de organización real.
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